miércoles, 4 de julio de 2012

Cine y pedagogía: Profesor Lazhar

Profesor Lazhar
El cine, frecuentemente, trata el tema de la educación. Es una tradición que ha dado grandes filmes, como es bien sabido. Hoy quisiera hablar de una película que no ha tenido demasiada repercusión a nivel de taquilla, a pesar de ser candidata al Óscar a la película de habla extranjera en 2011: me refiero a Profesor Lazhar, traducción española de Monsieur Lazhar, el título original.
La obra, de ritmo tranquilo, incluso un poco lento en ocasiones, permite reflexionar sobre un buen conjunto de temas educativos. La acción tiene lugar en Montreal, capital del Quebec, zona francófona de Canadá. Entre la nieve que cubre el patio, los niños esperan a entrar, cuando uno de ellos, que lleva brics de leche a la clase, realiza un macabro hallazgo: su profesora se ha suicidado, colgándose en medio del aula. 
A partir de aquí se desarrolla una trama marcada por esta tragedia y la reacción de niños y adultos ante la misma. Además, el sustituto de Martine, la maestra, es un refugiado argelino que también arrastra una tragedia personal ocurrida en su país, del que tuvo que escapar. Esta persona, necesitado de un trabajo, se presenta a la directora que, ante la falta de candidatos, decide darle una oportunidad. 
Pero el señor Lazhar oculta que no es maestro: en Argelia regentaba un restaurante. La docente era su mujer, que no está con él. Lazhar echa mano de su propia educación, y la que proporcionó a sus hijos, para llevar adelante la clase de quinto de primaria. Los niños, acostumbrados a un estilo más permisivo y participativo, no acaban de entender la nueva metodología, mucho más tradicional. Sin embargo, la cinta avanza y parece ser que el maestro se hace con el grupo, que acepta unos métodos más estrictos y un tanto anticuados. ¿Por qué? No se aclara demasiado este cambio, pero los niños se sienten seguros con un maestro que lleva el mando de la clase y que es consciente del terrible acontecimiento que han vivido los alumnos, y no se esfuerza en ocultarlo o minimizarlo. 
Se plantea el tema de la profesionalidad docente: ¿cualquiera, con buena voluntad y un buen grado de sentido común, puede ejercer de maestro y, además, hacerlo con éxito? La respuesta afirmativa es opinión extendida en nuestra sociedad. El contrapunto a esta postura, en la película, lo da Claire, una maestra agradable, compañera de Lazhar y que ejerce una práctica más abierta, adecuada a sus alumnos, en la que no falta el teatro y los trabajos manuales individualizados. 
Otro tema que aparece es el tratamiento de la muerte, de un fallecimiento que ha afectado a los niños de una manera inesperada y directa, ya que ha ocurrido en un espacio público, su aula, donde ellos pasan el día. Los adultos quieren pasar página, delegan su responsabilidad en el trabajo psicológico de una especialista; en cambio, el maestro no entiende esta actitud: la muerte forma parte de la vida, aunque ésta se dé en circunstancias incomprensibles o trágicas. Resulta chocante que no se le deje acudir a las reuniones de la psicóloga con los alumnos, o que la directora censure sus intentos por entender qué pasó, por qué una profesora decide morir en su aula. Unos padres también critican su intento de "educar a su hija" y le piden que se limite a enseñar: cómo si fuera posible hacer lo uno sin lo otro. 
Esto nos lleva a otro aspecto, un tanto relacionado con el anterior: la protección que se da a los niños en lo que se refiere a la prevención de posibles abusos o maltratos (que prohíbe cualquier contacto con un adulto, incluso con fines terapéuticos, como comenta un profesor) que contrasta con la soledad de muchos de ellos ante los hechos que han vivido. Esta práctica, que también se da en los Estados Unidos, coarta la afectividad que ha de existir en las relaciones en el aula, entre alumnos y profesores en etapas tempranas. 
Frente a esto, la figura de un profesor limitado, anticuado, pero curtido en la tragedia y capaz de mirar a sus alumnos con humanidad, resulta una tabla de salvación para la clase. La corrección, la distancia, no ayuda a los niños. Una de ellos, muy afectada por el suicidio, pone por escrito sus vivencias, y empieza así una lenta toma de conciencia y de compartir el dolor, hasta llegar a un momento de clímax en el que la muerte de Martine es tratada como lo que fue: una desconcertante realidad.
Obviamente, la insumisión del profesor no puede terminar bien: en este caso, no ha adoptado métodos revolucionarios o avanzados; más bien, ocurre lo contrario. Pero se ha atrevido a plantear el tema más importante para sus alumnos, y buscar con ellos la verdad de lo que ocurrió. Como en tantas otras historias que se desarrollan en las aulas, salirse del camino trazado lleva a ser apartado del trabajo. Impresionante y emotiva la escena final, que no contaré, evidentemente. 


4 comentarios:

  1. Aunque no he visto la película, por lo que cuentas, sí que aborda un tema imprescindible y es el manejo de las emociones, reconocerlas y manejarlas es imprescindible y afecta mucho al aprendizaje. Al final, y aunque sus métodos sean como dices más "tradicionales" está haciendo algo que cada día es más necesario.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario, Gema. Desde tu visión de psicóloga, haces hincapié en el tema del manejo de las emociones, que en ocasiones se nos pasa por alto a los docentes, preocupados más en los aspectos curriculares. Espero que te guste la película; al menos, seguro que hace pensar. Un besote.

    ResponderEliminar
  3. Salvador, te dejo la crítica que escribí de la película, abundando en el contenido de tu comentario.

    Educar con corazón. Estas tres palabras podrían resumir lo que esta magnífica película me dejó sentir. Es una película de amor a los niños y a la escuela. Es una película crítica con un sistema educativo absolutamente envuelto en burocracia, política, decretos, reglamentos, órdenes, inspectores, supervisores y mero adiestramiento.

    Cada uno de los que estamos implicados hoy día en la educación: maestros, profesores, padres y, por supuesto, los niños y jóvenes que están en ella, sabemos que solo hay dos opciones posibles: someterse a los reglamentos y disposiciones administrativas de la burocracia del sistema educativo o entregarse a la noble causa de ayudar a los estudiantes a que descubran el mundo, traten de entenderlo y, en medio de ello, vayan construyendo una vida sana, satisfactoria y feliz. No hay más.

    La película opta claramente por la segunda opción, y naturalmente el profesor Lazhar se da de bruces contra el muro inhumano, frío, gris, hostil y genuinamente repugnante construido por: padres que solo aspiran a que sus hijos sean meros contenedores de conocimientos y datos; una administración que reglamenta hasta el calor humano que ha de haber en las aulas, prohibiendo cualquier gesto compasivo entre las personas que allí interactúan; profesores que se limitan a llenar actas, informes y horarios dentro del marco de lo que es políticamente correcto en una sociedad que confunde educación con educastración, formación con adiestramiento y humanismo con reglamentismo.

    La película es un goce de interpretación y de calidad en los diálogos. Está hecha desde el corazón y eso lo notará el espectador en cada uno de sus fotogramas, desde el primero hasta el último. Si le gusta el cine y tiene alguna relación con la educación, sería una pena que se la perdiera.

    Daniel Blanquer

    ResponderEliminar
  4. Una crítica muy sentida, Daniel, y con la que coincido casi completamente. Incido en la importancia de la escena final, y en la búsqueda de seguridad de unos niños que crecen más solos de lo que a ellos les gustaría. Incluso la fotografía, la luz, el invierno canadiense, colaboran a esa sensación de falta de calidez en las relaciones humanas, que Lazhar no entiende.

    ResponderEliminar