domingo, 6 de diciembre de 2015

La evaluación del profesorado: otra vez la casa por el tejado, no

Aún colea el revuelo formado por José Antonio Marina y su libro blanco sobre educación, un informe hecho por encargo del Ministerio de Educación, en el que reflexiona sobre el papel del profesorado, entre otros asuntos. Vaya por delante que considero adecuado y positivo que se hable de la docencia como factor determinante en el conjunto del sistema educativo. Supone un cambio con respecto a la postura adoptada por los redactores de la LOMCE, ley que obvia el papel docente en el éxito escolar, o lo desprecia directamente, al confiar en evaluaciones externas que habrían de disciplinar a maestros y alumnos. Una de las quejas más fundadas de muchos profesores es la indiferencia que el ministerio dirigido por José Ignacio Wert (en la época en que se redactó la reforma) demostró de manera sistemática y reiterada hacia la docencia. Un error más, dentro del enorme fallo que ha supuesto la LOMCE, como intuyen incluso políticos conservadores, deseosos de pasar página con respecto a la etapa de Wert, el ministro peor valorado en todas las encuestas en la que fue incluido, hasta que abandonó el gabinete. El “fichaje” de Marina se encuadra en esos intentos por mostrar un rostro más amable y una actitud más dialogante en educación. Aunque la reforma, por desgracia, sigue vigente, y ya no puede ocultar sus carencias y deficiencias, que podrían haberse evitado consultando al profesorado de cada etapa implicada. Fijémonos en cómo se han hecho las cosas en primaria.
Acróbatas en el circo, Fernand Léger, en wikiart.com
Tras su aplicación en los dos últimos cursos, podemos concluir que existía un desconocimiento enorme del funcionamiento de los centros de primaria, que habían interiorizado los ciclos como manera de organizarse de modo eficaz, a pesar de los pesares. Eliminar la estructura cíclica sin una razón de peso –no la dieron los reformadores- ha sido un cambio gratuito, ya que no se ha pensado seriamente en otra organización capaz de garantizar una coordinación pareja a la anterior. Si el motivo era facilitar la repetición de curso en los niveles impares, bastaba con una modificación en ese sentido que la permitiera de manera generalizada, a criterio del equipo docente. Asimismo, un órgano colegiado como la comisión de coordinación pedagógica, se ha desdibujado con la extinción los ciclos. La redacción de la ley es confusa, a mi entender, en la composición de la CoCoPe: un maestro por nivel, elegido por la dirección, para cuatro años; pero, normalmente, el docente sube y baja de nivel, con lo que no puede mantenerse como representante de un determinado curso durante ese período. La reforma indica que un tutor o tutora permanecerá, como mínimo, dos cursos con el mismo alumnado, pero sin especificar qué niveles. Además, habrá una representante de la etapa infantil, no una profesora de cada nivel (aquí parece que se mantiene la idea de ciclo, porque la reforma no modifica nada de este período fundamental de tres a cinco años).

Como consecuencia de la desaparición de la distribución anterior, se pueden multiplicar las reuniones de coordinación, y los profesores especialistas –ya no adscritos a ningún ciclo, pues no existen- han de dividirse si quieren asistir a todas las reuniones de nivel. Un lío. Otra opción es celebrar reuniones de etapa, con todo el profesorado que imparte clase en cada una; pero esto supondría aumentar la distancia entre las etapas de infantil y primaria, y deberíamos avanzar en el sentido contrario. Y, no lo olvidemos, si se dificulta la coordinación, siempre habrá quien propondrá rebajar el tema, disminuir el número de reuniones, dejar pasar un tiempo mayor entre las mismas, en una nueva versión de la paz del cementerio: nadie se mete con nadie, porque todos están muertos. 
Evidentemente, tras esta indiferencia y prepotencia mostradas por los gestores del ministerio hacia los que estamos a pie de obra, se entiende mal que las propuestas de mejora presentadas por José Antonio Marina se centren en la evaluación del profesorado, más que en tenerlo en cuenta de manera efectiva, sobre todo cuando se legisla acerca de sus condiciones de trabajo. La organización escolar determina mucho lo que ocurre en los centros. Y, no lo olvidemos, la coordinación docente es uno de los factores más importantes para mejorar el conjunto del sistema educativo. Otra vez la casa por el tejado, no; la educación española no podrá resistir más ocurrencias.

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